Cuando las bromas no son tan inocentes

Alguna ocasión han escuchado que personas adultas y/o cuidadoras dicen cosas como: “Mire señor, este niño se está portando mal, ¡lléveselo!”.
Cuando hacemos “bromas” a las niñas y los niños sobre posibles abandonos, estas bromas tienen la finalidad de que ellas y ellos cambien sus conductas. Estás “bromas” tan normales y naturales en nuestra cultura que las personas adultas utilizan como estrategia para “calmar” a las niñas y niños pueden ser recibidas como la posibilidad de abandono por hacer lo que hago, de rechazo a la persona, sobre todo cuando se hacen de manera continua.
Según el INFORME MUNDIAL SOBRE LA VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS Y NIÑAS, la violencia psicológica puede ser producto de la frustración descontrolada o puede tener un propósito similar al castigo físico: intimidar para que los niños y niñas obedezcan y reconducir su comportamiento indisciplinado. Aunque los niños y niñas pueden conocer el dicho de que las palabras no me pueden hacer daño, la verdad es que muchos encuentran que el dolor y la ansiedad del rechazo y la humillación de un ataque a su autoestima, también son difíciles de soportar.
La violencia que experimentan en el contexto del hogar y la familia puede
tener consecuencias para su salud y desarrollo que duran toda la vida.

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